Centro Ceremonial

 

Dentro de la cosmogonía prehispánica, el universo estaba conformado por un centro a partir del cual surgían los cuatro rumbos para configurar sus esquinas. Este esquema se encuentra representado en el sitio arqueológico de Tehuacalco, el cual esta ubicado en un lugar privilegiado, al centro de cuatro cerros llamados El Capulín, La Compuerta, Tierra Colorada y El Gavilán. Tehuacalco se erigió simbólicamente como un santuario, es decir, el lugar donde residían el poder y la divinidad. Esta configuración permitió también su significación ritual.

Este asentamiento se ubica en un amplio lomerío, donde fueron construidos edificios con diferentes funciones como templos que respondían a la necesidad de los habitantes de rendir culto a sus dioses, el palacio donde habitaba el gobernante, un juego de pelota, áreas habitacionales de elite y un espacio donde vivía la población en general.

Las estructuras del sitio rodean una gran plaza rectangular y fueron orientadas y alineadas con respecto a los cerros prominentes del horizonte, haciendo evidentes las líneas visuales que marcan días importantes del año solar, como el equinoccio o los solsticios.

El tamaño, posición y detalle de los templos se diferenciaba conforme a la importancia del espacio ritual y de acuerdo a la divinidad a que se consagraba una edificación.

Así, los cerros sagrados, las cuevas, los petrograbados y los manantiales generaron un conjunto ritual, cuya arquitectura cívica y ceremonial reflejaba la esencia de Tehuacalco como lugar del agua sagrada, lugar de culto y veneración a los dioses de la agricultura y del agua, y sede de ceremonias destinadas a propiciar el agua vital para la subsistencia de ese sociedad agrícola.